Fidel Castro, el último líder revolucionario inició su revolución el el Yate Granma.



Fidel Castro Ruz (Mayari, Cuba 1926 – Santiago de Cuba 2016). Ha muerto en Santiago de Cuba a los 90 años de edad. Hijo de un emigrante gallego, fue un político revolucionario. Fue enviado de niño a Santiago de Cuba, donde aprendió las primeras letras en dos colegios de religiosos. Cursó el bachillerato en un colegio de jesuitas en La Habana, y en 1945 comenzó sus estudios de Derecho en la universidad, en la que muy pronto se distinguió por su inquietud política.

Entre sus compañeros universitarios formó un grupo de tendencia radical que, después de entrenarse en la isla de Cayo Confites, intentó invadir la República Dominicana para derribar al dictador Trujillo; pero la improvisada expedición fue desarticulada por las fuerzas navales cubanas. Elegido miembro del comité organizador del Congreso Estudiantil Antiimperialista, que se celebró en Bogotá, se encontraba en esta ciudad cuando se produjo el bogotazo (abril 1948).

Perseguido por la policía colombiana, se refugió en la embajada de Cuba y fue enviado pocos días después a La Habana. Obtuvo el grado de doctor en Derecho en 1950 e inmediatamente hizo sus primeras armas en la política oficial como miembro del Partido Ortodoxo, de tendencia reformista, dirigido por el liberal Eduardo Chibas. Candidato en las elecciones legislativas de 1952, sus aspiraciones fueron frustradas por el golpe de Estado de Fulgencio Batista, que derrocó al presidente Carlos Prío Socarrás.

La revolución cubana comenzó realmente el 26 de julio de 1953, cuando Fidel Castro, su hermano Raúl y Abel Santamaría, en unión de un grupo de estudiantes, atacaron la prisión política situada en el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Castro se escapó y encontró refugio en Sierra Maestra, pero fue capturado por las fuerzas de Batista; el teniente que efectuó su detención desobedeció las instrucciones recibidas y no lo fusiló, alegando que “las ideas no se matan”.

Sometido a juicio dos meses más tarde, asumió su propia defensa y pronunció un violento alegato contra la dictadura (“La historia me absolverá”), pieza oratoria que debía transformarse en el programa de la revolución. Condenado a 15 años de prisión, fue indultado con motivo de la elección de Batista para un segundo mandato. Fidel Castro y algunos de sus correligionarios partieron para México en mayo de 1955, y sólo necesitaron 18 meses para conseguir el dinero y las armas que les iban a servir para lanzarse a la aventura de derrocar al tirano.

Yate Granma de la revolución cabana
El yate Granma desembarca en Cuba para iniciar la Revolución
La expedición, integrada por 80 hombres, a bordo del yate Granma, desembarcó en Cuba el 2 de diciembre de 1956. Tras unos primeros meses de dificultades y acoso por parte de las fuerzas de Batista, los insurgentes, con el apoyo de los campesinos, se hicieron fuertes en Sierra Maestra, en la provincia de Oriente. Batista lanzó una vasta operación contra los guerrilleros, pero su fracaso reforzó a los barbudos, acrecentó sus simpatías entre el campesinado y provocó el pánico en algunas ciudades, al coincidir con huelgas y sabotajes.
Fidel desencadenó la ofensiva final, la “larga marcha”, en agosto de 1958, y entró victorioso en La Habana, tras la huida de Batista, el día 8 de enero de 1959.

Entonces se inició el difícil proceso que habría de conducirlo desde su primitivo humanismo teñido de cristianismo al marxismo-leninismo descubierto empíricamente. Tras la breve experiencia liberal de Urrutia y Miró Cardona, Fidel Castro, al ver que estaba en peligro la revolución prometida a los campesinos, asumió la jefatura del Gobiemo el 16 de febrero de 1959 y manifestó su propósito de liberar a su movimiento del equívoco del reformismo.

Cuando realizó la primera visita a los EEUU, (abril de ese mismo año) definió todavía un programa esencialmente humanista; pero aumentó la alarma de los círculos dirigentes estadounidenses al advertirles que la vía cubana no significaba la cooperación total con EEUU. La ley de Reforma Agraria (17 mayo 1959), que supuso las primeras expropiaciones de propiedades estadounidenses, fue calificada de “comunista” por los grandes propietarios y le llevó a enfrentarse con los poderosos intereses yanquis en la isla. Después de la explosión en la rada de La Habana del carguero francés La Coubre (4 marzo 1960), Fidel denunció  la acción de los monopolios extranjeros y decretó las primeras nacionalizaciones de las refinerías de petróleo estadounidenses.

El presidente Eisenhower, en represalia, decretó el embargo de todas las exportaciones con destino a Cuba, en el mismo momento en  que John Kennedy, durante su campaña electoral (octubre), declaró que EEUU debían “ayudar al derrocamiento de Fidel Castro”. Eisenhower rompió las relaciones diplomáticas el día 4 de enero de 1961. Quince días después de la fracasada invasión de la bahía de los Cochinos (17 abril 1961), Castro declaró que Cuba se había convertido en “república democrática socialista”, y el 1° de diciembre del mismo año, al estrecharse el cerco diplomático y comercial estadounidense, proclamó su adhesión a la doctrina marxista-leninista.

El entendimiento de Castro con Moscú sufrió un duro golpe con motivo de la crisis de los cohetes instalados por los soviéticos en Cuba y el Acuerdo Kennedy-Kruschov para retirarlos a cambio de la promesa del primero de no invadir la isla (octubre 1962), pero el primer ministro cubano realizó un viaje de cinco semanas por la URSS (primavera 1963) para poner fin a la crisis de confianza.

Muy pronto, sin embargo, Fidel demostró su independencia de criterio y su voluntad de no sacrificar la revolución cubana a los objetivos de la estrategia mundial comunista dirigida desde Moscú. En octubre de 1965 fue constituido el partido comunista, pero la mayoría de los miembros del comité central eran compañeros de lucha de Fidel Castro en Sierra Maestra; la vieja guardia del comunismo cubano fue relegada a segundo plano. Castro fue elegido primer secretario.

Fidel Castro en saludo militar
El joven revolucionario, indignado con la corrupción de una dictadura al servicio de los EE.UU., se había convertido al marxismo-leninismo, si bien sus sentimientos nacionalistas le hacían poco apto para la satelización. En febrero de 1966 estalló también una grave crisis con el régimen de Pekín, cuando Castro acusó al Gobierno chino de situarse al lado del imperialismo yanqui por haber intentado inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba y pretender utilizar las compras de azúcar como un chantaje para obligar a los dirigentes cubanos a tomar partido en la lucha ideológica entre el Kremlin y la Ciudad Prohibida.

La obstinación de Fidel Castro en recordar los más elementales principios del internacionalismo proletario y proclamar los derechos de los pequeños países frente a las pretensiones de los grandes, tácitamente acordadas mediante la coexistencia pacífica, le valió un gran prestigio entre los dirigentes del Tercer Mundo y las organizaciones revolucionarias.

Frente a las tesis soviéticas y de algunos partidos comunistas iberoamericanos, Fidel Castro sostuvo la necesidad de la lucha armada en el hemisferio, mas no sin que antes EEUU rechazaran su propuesta (julio 1964) de poner fin a la agitación castrista a cambio de levantar el bloqueo y cesar en la hostilidad sistemática. El “líder máximo" no tuvo inconveniente en estigmatizar al partido comunista venezolano y declarar que la revolución cubana no sería satélite de nadie.

Poco después, Castro denunció ante el comité central las actividades de la “micro fracción” dirigida por Aníbal Escalante (enero 1968), de tendencia prosoviética. Algunos comunistas ortodoxos le acusaron de aventurismo, idealismo, falta de realismo; pero está claro que su régimen, fuertemente personalizado, supo construir, no sin grandes dificultades, la primera sociedad socialista de Iberoamérica.


Fidel Castro fue el dirigente indiscutido de esta experiencia singular. Aunque su trayectoria política aparece marcada en muchos momentos por la improvisación, tanto sus partidarios como sus adversarios están de acuerdo en reconocerle su autenticidad y su indiscutible popularidad entre el pueblo cubano, a pesar de los sacrificios que impuso. Aquejado de una grave enfermedad, su hermano Raúl les sucedió en la presidencia de la nación en 2006.